Por Cosméticos: Algunos productos cosméticos contienen ingredientes comedogénicos que pueden obstruir los poros y causar brotes de acné. Es recomendable optar por productos etiquetados como "no comedogénicos" para minimizar este riesgo y mantener una piel más limpia.
Estrés: El estrés puede agravar el acné al desencadenar una mayor producción de sebo y aumentar la inflamación en la piel. La gestión del estrés a través de técnicas de relajación, ejercicio y un sueño adecuado puede ayudar a controlar el acné.
Medicinas: Ciertos medicamentos, como los esteroides, anticonvulsivos y el litio, pueden inducir o empeorar el acné. Es importante consultar con un médico si se sospecha que un medicamento está contribuyendo a los brotes de acné.